Tu empresa cerró 2025 con beneficio. Eso no significa que ganara dinero.

Julio es el mes en que la mayoría de las PYMEs presentan el Modelo 200 y dan por cerrado el ejercicio anterior.

También es el mes en que muchas descubren, demasiado tarde, que el número que aparece en la cuenta de resultados no era lo que parecía.

No es un problema de contabilidad. Es un problema de interpretación — y de decisiones que no se tomaron a tiempo.

El beneficio contable no es el beneficio real

Hay una pregunta que todo empresario debería hacerse antes de dar 2025 por cerrado: ¿ese resultado incluye el sueldo de mercado de los socios que trabajan en la empresa?

En la mayoría de PYMEs españolas, los dueños cobran "lo que queda". No se asignan un sueldo que refleje lo que costaría contratar a alguien que hiciera el mismo trabajo. El resultado contable queda mejor. Pero esa diferencia no es beneficio — es sueldo diferido que la empresa no ha reconocido como coste.

Si quitaras ese sueldo de mercado al resultado, ¿seguiría siendo positivo? ¿Cuánto quedaría?

Y la segunda pregunta: ¿ese beneficio supera el 10% sobre la facturación?

En el contexto actual — con costes que han subido entre un 6 y un 7% en pocos años — un margen neto del 5% no es un buen resultado. Es estar en la cornisa. El 10% neto no es ambición. Es el mínimo para que la empresa tenga capacidad de resistir, reinvertir y no depender del banco para sobrevivir a un trimestre malo.

Lo que el balance no ve — y podría ver

Hay empresas que cierran el ejercicio con un resultado más bajo del que podrían tener — no por ocultación, sino por desconocimiento. Llevan a gasto cosas que podrían estar en el activo. Y eso tiene consecuencias: menor patrimonio, peor imagen frente al banco, y una carga fiscal que podría haberse distribuido mejor.

Algunos ejemplos concretos:

Una web o tienda online con inversión documentada no tiene por qué ir a gasto del ejercicio. Puede activarse como inmovilizado intangible y amortizarse en varios años. Lo mismo aplica al software desarrollado internamente, a bases de datos propias construidas con inversión real, o al registro formal de una marca en la OEPM.

Las amortizaciones son otro punto que pocas PYMEs revisan. Amortizar siempre al mínimo por costumbre no es optimizar — es dejar sobre la mesa una deducción completamente legal. En años con beneficio, aplicar coeficientes superiores o aprovechar la libertad de amortización para activos nuevos reduce la base imponible sin necesidad de hacer nada que no esté en el PGC.

Y si en 2025 se desarrolló algo nuevo — un producto, un proceso, una solución técnica — vale la pena evaluar si cumple criterios de I+D+i. Las deducciones fiscales asociadas están infrautilizadas por PYMEs que sí tienen derecho a ellas.

El mensaje es sencillo: hay formas completamente legales de pagar menos impuestos. Están en el código contable y fiscal. Y la mayoría de las PYMEs no las usa porque nadie se las ha explicado antes de cerrar el ejercicio.

El inventario que nadie mira

El stock es otro punto que se cierra por inercia. El sistema dice que hay X unidades valoradas a Y euros — y así se presenta, igual que el año pasado.

El PGC obliga a valorar las existencias al menor entre el coste de adquisición y el valor neto realizable. Si hay producto obsoleto, deteriorado o de rotación nula, corresponde dotar una provisión por deterioro. Es fiscalmente deducible. Y da una foto más honesta.

Pero también funciona al revés: si el coste de reposición ha subido — algo frecuente tras años de inflación — el valor neto realizable puede ser superior al coste histórico registrado. Actualizar ese valor mejora el activo sin distorsión.

Antes de todo eso: ¿se ha hecho un recuento físico real? Las diferencias entre sistema y almacén son pérdidas que deben aflorar ahora, no cuando lo descubra una auditoría.

La foto que importa

Hay una última pregunta, la más incómoda: ¿la cuenta de resultados que vas a firmar es la foto real de tu empresa, o es la foto que quedó después de las decisiones contables de tu gestoría?

Una empresa que cierra con beneficio ficticio — sin sueldos de mercado, sin provisiones, sin amortizaciones reales — no tiene un buen resultado. Tiene una distorsión. Y esa distorsión tiene consecuencias: decisiones que no se toman, problemas que no se ven, financiación que no se obtiene porque el banco mira los números y no encuentra lo que debería encontrar.

Cerrar bien el ejercicio no significa cerrar con el número más alto. Significa cerrar con el número más verdadero.

Qué hacer antes del 25 de julio

Tres cosas concretas, antes de que tu gestoría presente el Modelo 200:

Revisa si hay intangibles o activos de marca generados en 2025 que todavía están a tiempo de activar. No todos los elementos contables se pueden modificar después de cerrar el ejercicio.

Calcula tu margen neto real: resultado después de sueldos de mercado de los socios trabajadores e impuestos. Si es inferior al 10%, ese es el problema que hay que resolver en 2026.

Haz el recuento físico de stock y compara con el sistema. Las diferencias que aparezcan tienen que estar en el cierre — no guardadas en un cajón.

Si quieres hacer esta revisión antes de reunirte con tu gestor, he preparado un checklist con las nueve áreas clave del precierre contable 2025.

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